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REPORTAJES ESPECIALES

De profesora a tarotista terapéutica: "Acepté el llamado de servir a la humanidad"

  • Lunes 9 de diciembre de 2019
  • 18:07 hrs
  • Autor: Diego Arrieta
Las imágenes son de Bárbara Ramos Moya.

Las imágenes son de Bárbara Ramos Moya.

Energía, misticismo, adivinación, meditación, espiritualidad y creencias… ¿Qué tiene el tarot que lo hace tan popular? Red Maule se adentró en el hogar de una conocida tarotista terapéutica para descubrir el lado más ignorado de esta práctica que sigue sumando adeptos en todos los rincones del país.

Miércoles 14 de noviembre de 2018. Talca gozaba las maravillas de una calurosa tarde primaveral. Eran las 16.00 horas. Con una enorme sonrisa, María Concepción Díaz Varela abrió las puertas de su casa, ubicada en el sector sur de la ciudad. Una vez ahí, ¡el tiempo se detuvo!

Paredes blancas como la nieve, muebles perfectamente situados en el espacio, manteles naranjas (color de la fuerza y dominancia) en cada rincón, un televisor que reproducía música relajante y el suave olor que emanaba de unas cuantas varillas de incienso brindaban sensación de paz y tranquilidad.

«Subamos al segundo piso, arriba tengo la habitación en la que trabajo», dijo María. Subimos las escaleras y esa sensación de serenidad no se iba, estaba impregnada en cada rincón de la casa. Una vez acomodados en el sitio indicado, nuestra entrevistada desnudó su alma.

María Concepción nació el 19 de mayo de 1957 en Talca, región del Maule. Asegura que desde muy joven sintió curiosidad por el tarot, aunque fue muy enfática en reconocer que no es vidente ni adivina el futuro. «Yo no tengo esos dones», expresó.

ENTONCES, ¿A QUÉ SE DEDICA?

La práctica del tarot para esta mujer de 61 años de edad «fue un estudio riguroso». Se especializa en terapias complementarias. Entre ellas, destacan el Tarot Terapéutico y Flores de Bach. Validó sus estudios a escala nacional e internacional. Así lo demuestran sus diplomas emitidos por la Escuela Chilena de Terapia Floral, Colegio de Terapeutas Florales de Chile y la Escuela Internacional de Tarot “ISIS”.

Pero no siempre se dedicó a esto. Y es que, para asombro de muchos, la mayor parte de sus años se los consagró a la docencia. «Yo soy profesora de Educación Musical (…) Trabajé en la Universidad de Talca. Llegué a ser coordinadora docente y luego directora de la Escuela de Música».

EL LLAMADO

La transición de «profesora a tarotista» no fue fácil. Ese proceso de cambio estuvo lleno de dudas y estrés. Para ella, la cantidad de dinero que ganaba en la universidad «era algo tentador». Sin embargo, no podía apaciguar el deseo de querer utilizar sus habilidades para «ayudar a otros».

Finalmente, tras un periodo de profundo análisis, terminó aceptando «el llamado de servir a la humanidad». Con una sonrisa en sus labios, afirma que no se ha arrepentido ni un minuto de su decisión. «La satisfacción de saber y sentir que estoy ayudando al que está delante de mí, de ver cómo llegan y cómo se van, es la gratificación más grande».

HABLEMOS DE CONTRASTES

Al ser consultada sobre las diferencias entre el tarot adivinatorio y el terapéutico, indicó que el primero «da por sentado que algo va a suceder y no da ninguna posibilidad de que la persona pueda cambiar su destino. En cambio, el terapéutico, al mirar la situación, ayuda a darse cuenta de las situaciones que está viviendo y la forma en que podría eso no vivirse, sino modificarlo para tomar las mejores decisiones y que las cosas no sean tan drásticas».

Reconoce, además, que el tarot otorga el beneficio del libre albedrío. «Las cartas pueden sugerir, pero finalmente es la persona quien decide si hace lo recomendado o no».

LECTURA DEL TAROT

En una pequeña habitación de su casa, María Concepción recibe a aquellos que sienten curiosidad por el destino y sus misterios. Es un espacio acogedor, la música instrumental no deja de sonar y varias piedras para «espantar las malas energías» reposan en dos mesitas vestidas de violeta (el color de la transmutación).

«Aquí lo primero que hago es darles la bienvenida y ofrecerles un cafecito (…) En la mesa tengo dos mazos de tarot. Les pregunto que con cuál quieren trabajar, las personas los eligen sin ver. Después, les pregunto si conocen el arcano que les corresponde. Si me dicen que no, les pido su fecha de nacimiento para poder analizarlo (…) Se supone que el arcano es como la misión que cada uno tiene al venir a esta tierra».

Superada esta primera parte, continúa la lectura. «Hago una tirada general, donde yo le pido al padre que me muestre el subconsciente de la persona para saber qué está pasando y poder ayudarle».

Pero no todo termina ahí, puesto que también se hace otra tirada «para ver lo que ha ocurrido en un pasado reciente, lo que está ocurriendo en el presente y lo que podría venir en un futuro cercano».

Hasta este punto, parece una sesión bien completa. Pero, aún hay más. «Con todas las cartas se responden las preguntas que la persona desee hacer y, finalmente, pido al tarot que dé un consejo final de la tirada».

SOLEDAD Y SUFRIMIENTO

La tarotista también habló sobre los «males» más comunes que ve en sus pacientes. Antes de responder esta inquietud, respiró profundo y tomó un sorbo del té que se había preparado. «Veo mucho sufrimiento. La gente está muy sola, se siente muy sola, vive en soledad (…) Y eso a veces no les permite ni abrir su mente ni su corazón».

Asegura que, en varias oportunidades, se ha quedado «enganchada» con algunos casos. Por eso, «pido para que esa persona deje de sufrir y sea más feliz».

PERO NO TODO ES TAROT

Nuestra tarotista asegura no pasar los días entre carta y carta. Para ella es importante que su espiritualidad no esté desconectada de la realidad. Por eso, mantiene «una vida normal».

«Salgo, voy al centro, me junto con mis amigas a tomar un tecito, visito a mi familia. Me gusta compartir mucho», admite.

También practica una actividad «especial» que la ayuda desconectarse, de vez en cuando, del tarot. Se trata de un arte al que le dedica valioso tiempo, dedicación y pasión. «Yo pinto al óleo, pinto mucho (…) Y esa es como mi forma de expresar lo que siento, de vaciar todo lo que pueda haber en mí».

En la parte inferior de su casa está dispuesta la habitación en la que reposan sus pinturas. Distintas formas y colores dan vida a las emociones que María Concepción guarda en su interior. «Aquí paso mucho tiempo, cuando pinto me siento plena (…) Agradezco al universo poder expresarme a través de este arte».